Oído al pasar: Los niños no sienten miedo

Cuando escuché eso de la boca de mi tío, en mis adentros abrí los ojos como platos y me horroricé ante su estupidez. Será pariente mío y todo, pero una no elige a la familia, así que he tenido que bancarme la locura, la idiotez y el egoísmo (en mala) de algunos con quienes comparto sangre y genes. En fin, decir que los niños no sienten miedo es una de las más grandes falacias que he escuchado en mi vida… bueh, sí, hay peores. Pero decir que los niños no sienten miedo…

Mi apreciación personal es la que hablará, pues no soy sicóloga (maldita UdeC, si hace 3 años hubieses pedido la prueba de Historia y no la de Ciencias, ahora estaría en 3º de Sicología T.T) ni pretendo serlo (a pesar del comentario anterior, el reclamo de ser sicóloga es simplemente por un asunto monetario y mi ligero interés por la filosofía xD); pero sí fui niña, y una muy aterrada.

No sólo porque desde pequeñitos nos dicen eso de que el cuco te va a comer o el viejo del saco te va a llevar. Que feo, en todo caso, condicionar las acciones de los niños con mentiras tan grandes (a esa edad (2-6 años aprox.) uno realmente piensa que va a desaparecer si se lo come el cuco o lo agarra el viejo del saco), pero es un método eficaz. Lograron controlarme, hasta que definitivamente se dieron cuenta que esos chismes no funcionaban conmigo. Como sea, la idea de que te lleven lejos de tu hogar, en la infancia, es el peor horror imaginable. No ver a tu mamá nunca más, no tener tus juguetes, no ver a tus amigos, no poder dormir otra vez en tu cama; cosas sencillísimas, pero que a esa edad es lo más valioso (y único) que tenemos. Que vulnerable es la mente infantil.

Lo digo con razón, pues me sumo a la inmensidad de niños extremadamente imaginativos. (Aún me tachan de loca por “ver” cosas que no son xD) Y los que de grandes no son tan creativos, a esa edad lo hacen bastante bien, pues la imaginación infantil es flexible como platicina. Entonces, una de niña, ve el viejo del saco en cualquier vejete medio rasca y las luces/ruidos nocturnos son el cuco en acción. ¿Cómo no iba a sentir miedo? Pareciese que se te congelara el alma y el pecho, y te aferras a la primera huevá que te enseñan con cualidades protectoras. Sea dios, sea tu tata muerto, sea el espanta-cucos, sea el ángel de la guarda. ¡Cualquier huevá con tal que no te llevé!

Luego viene entrar al colegio. Miedo de verdad. ¿Quién es el viejo del saco, quién es el diablo? Loco, te lo digo, esa huevá es terror, corre, escapa, huye de aquí, mira que todo tu curso llora desesperado porque se van sus madres y les dejan con dos viejas feas de delantal verde. Si no me puse a llorar fue por hacerme la valiente delante de esa niña que me dijo “Nosotras somos valientes, no lloramos como las demás“. Que chistoso debe haberse visto, esa niña tranquilamente sin llorar diciéndome eso a mí, que a duras penas me tragaba las lágrimas porque no estaría con mi mamá en tan extraño trance.

Hay una experiencia en particular que me siento en el deber de comentar. Esta relacionada con la anécdota anterior, de hecho, fue al año siguiente; y con el miedo infantil. La primera vez que me hice cargo de mi misma fue a los 6 años. Primero Básico, vivía en Chiguayante y mi escuela estaba en Concepción, tenía jornada en la tarde. Debía quedarme sola porque mi hermano tenía clases en la mañana, y mi mamá decidió no tener más nana (bendita decisión). El día anterior me dejó dicho como sobrevivir: me dejaba el almuerzo listo en un plato para calentarlo y la leche hecha en el refrigerador; el mes antes me enseñó a usar el microondas y a encender la cocina para calentar agua y bañarme (no teníamos calefont en ese entonces). También me autorizó a entrar al Fuji si me daba miedo (en ese entonces era un cachorro, no hacía mucho que me lo habían regalado, y cada vez que entraba dejaba la cagá .-.) y si pasaba algo, le avisara a la vecina de atrás o la llamara al trabajo. Pues bien, nunca antes me había visto en la obligación de servirme sola, bañarme sola, vestirme sola… y estar sola en casa. Nunca jamás.

Bueno. El primer día sobreviví, pero ¿y el miedo? TERROR. Y sólo fue una pesadilla. Me demoré 15 años en entender el sentido, pero bueh, hay cosas que cuando se es más joven una no las sabe (ni que fuese tan vieja xD). Como decía, fue una pesadilla bastante tonta, vista desde los veintisiempre; pero cuando desperté a los 6 años, tenía pánico. Consistía, haciendo cuento corto, que mi madre se iba con otros entes y nos olvidaba, por lo que mi hermano y yo, para salvarnos de esos entes que la atraparon y borraron su memoria, éramos llevados lejos de la casa por una de mis tías, pues habíamos perdido a nuestra madre para siempre.

Sicoanalistas del mundo, he ahí buen material para vuestra entretención matutina xD. Volviendo a la anécdota, me desperté llorando y gritando de esa pesadilla. Pobre niña, sola en casa y deseando el consuelo de su madre. Pero bueh, eso si que fue miedo, de verdad sentí que me quedaba huérfana, huacha o como quieran decirle (pues mi viejo brillaba por su ausencia xD) y ni siquiera podía llamar a mi pieza a mi mamá para que espantara esos fantasmas y comprobase a mi razocinio infantil que sólo fue un mal sueño. Bueh, aterrada, la llamé a su trabajo y por telefono me consoló. Fue bastante feo para las dos, pues me pongo en su lugar como madre, de no poder ni siquiera consolar a tus hijos de sus pesadillas para ganar unos cochinos pesos… doloroso. Y bueh, yo como niña pequeña, necesitada de un abrazo que nunca llegaría, tener que conformarme con una voz en un aparato, sin ver caras ni sentir pieles.

Sin embargo, sobreviví, tanto a ese lunes negro como a la pesadilla. Resumiendo, al año siguiente, en la misma fecha (primer día de clases), tuve el mismo sueño. Sentí el mismo pánico de quedarme sola en el mundo. Pero, aunque desperté angustiada y llorando, no llamé a mi madre. Ya había asumido que estaba sola en la inmensidad de mi mundo interior. La niñez se me estaba disolviendo.

En fin, ya no me quedan muchas ganas de seguir escribiendo. Mañana tengo que ir a la U, estudiar, tramitar, respirar, sobrevivir, encerrarme en mi misma de vez en cuando y luego salir de mi mundo para sociabilizar. Espero, no obstante, que mi experiencia haya servido para desmentir los desatinados dichos de mi tío: Los niños sienten miedo, y mucho. Es quizás una de las etapas en que más necesitan sentirse acompañados, que más necesitan que les enseñen a combatir sus temores. ¿Cómo? Ni idea, lo poco que me enseñaron al respecto lo fui olvidando con los años .-. Pero eso es. Y si la nota me salió muy mierda, no importa, total ¿Alguien va leerla hasta el final?

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