Mira… está temblando… [Parte III]

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LEER SEGUNDA PARTE

A casi un mes del terremoto que asoló no sólo mi tierra natal, sino también gran parte de Chile, he decidido trascribir con cierto orden y respaldo mis impresiones al respecto; no sólo del hecho en sí, también de las reacciones post-cataclismo dentro y fuera de la cinta blanca. Llevo casi dos semanas y media en esto, y su avance no ha estado excento de dificultades, entre réplicas y cortes de electricidad, entre escasez de agua potable -que en mi sector se ha dado recién hace unos días, sin haber tenido ni una gota desde el 27 de febrero… salvo por la acción pronta de la junta de vecinos de mi población para conseguirla- y de pan, entre otros. En carne propia viví no sólo el movimiento telúrico, sino también la psicosis y los efectos de las malas desiciones administrativas, de ver tu ciudad de pronto en ruinas y los “¿y si hubiese…?”. Y aquí va la tercera parte de este reporte, testimonio o como prefieran llamarlo.

 

···········

Paranoias, conspiraciones, religiones y otros mitos. Respuestas alternativas al desastre.

1.- Estados Unidos y su HAARP
La falta de comprensión ante la adversidad siempre ha sido la tónica de la sociedad humana. Ya comentaba un amigo vasco, a propósito justamente del terremoto, que si bien las personas son racionales, el “populacho” no; el miedo salta de uno en uno hasta que las masas se vuelven nada más que un animal asustado. La ignorancia se torna el principal gestor de pánico multitudinario, no hay que olvidar que el temor es la reacción natural ante lo desconocido –propia del instinto de preservación que todo ser vivo posee. Temor, imaginación e información infiltrada interpretada bien o mal, son los verdaderos gestores de cada uno de los mitos de las sociedades actuales y pasadas, desde Dios hasta HAARP. Quizás tengan algo de cierto, pero ¿cómo saberlo con certeza?
Lo único casi seguro es que, incluso antes del terremoto, ya había aires apocalípticos zumbando en nuestras cabezas. Todo el golpe mediático que ha recibido este evento que pasaría supuestamente el 2012 -sólo comprobado por las civilizaciones antiguas- impulsa a que diversos inescrupulosos vean en la fe de la gente ingenua un método de din
ero fácil. Asimismo, las superpotencias hacen lo suyo, ya sean con el proceso de aculturación con el que nos bombardean o directamente actuando bajo las aguas con misteriosos proyectos. Uno de esos es HAARP (High Frequency Active Auroral Research Program o, al español, Programa Activo de Investigación de la Aurora mediante Alta Frecuencia), un proyecto a través del cual se supone que EEUU invierte para que estudien el clima con ondas electromagnéticas (ya, sí…). Y aunque, personalmente, nunca me trago del todo esto de las conspiraciones, lo de HAARP ya me parece demasiado sospechoso, sino ¿Por qué los rusos previenen a la comunidad mundial de dicho aparato y la Unión Europea envía un comunicado explícito al respecto pidiendo que cesen las pruebas?
No es de sorprenderse, entonces, si una parte no menor de la población considera a los estadounidenses culpables absolutos de la catástrofe. Mi persona, en particular, lo considera altamente probable, más que un potencial fin del mundo. Y la prueba con la que sostengo mi recelo es mi experiencia durante los 2 minutos más largos de mi vida. NUNCA había visto a mi celular descargarse de la forma en que lo hizo los momentos posteriores al terremoto; y puedo asegurar a pies juntillas que no fue por usarlo, sino que simplemente por estar encendido comenzó a descargarse demasiado rápido, pasó de estar casi lleno a tener una barra y menos de batería.
Más sorprendente aún fue lo que ocurrió con el teléfono móvil de uno de mis amigos: de repente empezó a vibrar como si lo estuviesen llamando, pero no entraba nada, estaba normal. Dado que no paraba, lo apagó para que no se gastase la energía; pero el teléfono aún vibraba sin parar, como si lo estuvieran llamando. La única forma para que se detuviese fue quitándole la batería. Y cada vez que se la ponía, volvía a vibrar a pesar de estar apagado. Sin mencionar que, horas después, en los cielos oscuros de Chiguayante vimos pasearse un satélite de qué y/o quien sabe qué.
No le pido, sr. lector, que me crea, le reservo el derecho de la duda. Sin embargo, hay testigos de la experiencia narrada, no e
stoy inventando. Y considerando que los celulares trabajan con ondas electromagnéticas, al igual que la maquinita HAARP, personalmente me da motivos de sobra para seguir desconfiando de todo aquello que tenga estampa norteamericana. No es para menos, la red está llena de información al respecto y, aunque hay que filtrar un poco (pues es raro que un medio que se entienda mundialmente como serio se involucre en este tipo de cosas), también hay datos aparentemente bastante fiables. En el sitio http://starviewer.wordpress.com , repetido a su vez en http://explayandose.wordpress.com (al cual tuve acceso en primera instancia), sale explicado -de forma algo técnica para los no entendidos en geología y esas ramas- los fundamentos científicos que permiten afirmar que los movimientos sísmicos que azotaron a Chile (y Haití) son producto de las pruebas con HAARP. Incluso hay un testimonio –tal vez considerable tan subjetivo como el mío- que afirma que esto no fue normal.
Otra anormalidad fue la casi ausencia de reacción animal. Y no me vengan que son pequeñeces. Vivo en un país sísmico, toda mi vida he convivido con estas manifestaciones naturales, además viví 10 años en un sector semi rural, siempre con animales. Ellos reaccionan primero que los seres humanos a estas cosas, pues se sabe de sobra que sus sentidos de audición y olfato
–entre otros- son mucho más potentes. Para cada temblor recuerdo a mi perro llorando asustado antes que el piso se empezase a mover, a las aves ocultarse y calladas de pronto, a los gatos -de pronto ariscos- correr fuera de las casas o dentro de ellas. Pero el día 27 de febrero, ningún animal pareció percibir nada anormal. A todas las personas que he consultado me han respondido igual: el perro no reaccionó, el gato no hizo nada. El gato que estaba con nosotros el día del terremoto ronroneaba feliz en los brazos de una amiga hasta que empezó a temblar. En mi casa, mis perros no lanzaron ni un gemido ni se comportaron diferente a lo habitual. Los de mis amigos tampoco. Es como si hubiese sido ajeno a la naturaleza. Quizás lo fue, habitualmente los EEUU se meten donde no los llaman.
La idea que esta catástrofe sea artificial torna sentido cuando se considera que coincidió tan cercanamente con el cambio de mando, cómo las instituciones gubernamentales, como nunca, brillaron por su ausencia; dejando en claro para Chile y el mundo su incompetencia y lo falso de sus logros. Sin mencionar lo poco y nada que se toca el tema, como si no existiera. Y es que ya hay registros históricos de intervenciones norteamericanas en suelos latinos, basta recordar como la CIA promovió las dictaduras militares acordes a sus políticas expansionistas en Centroamérica y Suramérica. Como ocurrió en 1973. ¿Por qué no habrían de intervenir ahora? De modos más modernos, claro.
Y dado que Chile está dentro de una zona de alta actividad sísmica y volcánica conocida como Cinturón de Fuego del Pacífico, puede pasar desapercibido fácilmente. No obstante, las circunstancias han sido diferentes, no son las comunes y como habitante nativa lo percibo. No es paranoia, es desconfianza, lo hicieron una vez y pueden volver a hacerlo. Ganas no les faltan, pues Latinoamérica tiene un gran potencial, sólo que la hegemonía de Estados inescrupulosos sobre su libertad ha impedido que prospere. A investigar al respecto si no le convence, sr. lector, que no todo es lo que parece.

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