Mira… está temblando… [Parte IV]

A un mes y algo del terremoto que asoló no sólo mi tierra natal, sino también gran parte de Chile, he decidido trascribir con cierto orden y respaldo mis impresiones al respecto; no sólo del hecho en sí, también de las reacciones post-cataclismo dentro y fuera de la cinta blanca. Llevo casi dos semanas y media en esto, y su avance no ha estado excento de dificultades, entre réplicas y cortes de electricidad, entre escasez de agua potable -que en mi sector se ha dado recién hace unos días, sin haber tenido ni una gota desde el 27 de febrero… salvo por la acción pronta de la junta de vecinos de mi población para conseguirla- y de pan, entre otros. En carne propia viví no sólo el movimiento telúrico, sino también la psicosis y los efectos de las malas desiciones administrativas, de ver tu ciudad de pronto en ruinas y los “¿y si hubiese…?”. Y aquí va la cuarta parte de este reporte, testimonio o como prefieran llamarlo.
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Paranoias, conspiraciones, religiones y otros mitos. Respuestas alternativas al desastre.

2.- Religiones, Adivinos y el Apocalipsis.

Y hablando de apariencias, se suman las teorías conspirativas (Iluminatti, judíos, masones, Vaticano, Anunnakis, etc), las religiones cristianas de raíz protestante (mormones, testigos de Jehová, valientes de David, evangélicos pentecostales, etc), interpretaciones de profecías antiguas (mayas, Nostradamus, Biblia, ideologías orientales, etc) y, por supuesto, los adivinos y magos que de pronto abundan. Todos, con mayor o menor desfachatez, nos instan a redimirnos de quien sabe qué para que el Apocalipsis venidero nos encuentre confesados. Una incipiente psicosis que aumenta según disminuyen los días para llegar al 2012, similar a la del Y2K en 1999, la extensión de la gripe aviar, los sucesos del 11 de septiembre de 2001, los sobres con Ántrax, las primeras pruebas con HIC, la aparición de la influenza humana, etc. Sólo que ahora la justifican con el reciente seísmo, como una señal de Dios o del Destino o de los Reptilianos… Como sea, misioneros de todos los sabores y colores van por las calles tratando de captar la atención de potenciales feligreses, de dar “consuelo” con un par de citas de la Biblia y así, en medio del dolor ajeno, asegurar conversiones “de fé”.
Entonces, en medio de contradictorias declaraciones, los domingos posteriores al suceso los creyentes se enteran por medio de sus líderes que Dios envía un terremoto para demostrar su enojo, para probar la fé de la gente, para despertar la consciencia acerca de la prontitud del Juicio Final. Pero ¡ojo!, que Él lo haya enviado no lo hace responsable, en absoluto, porque se supone que ama a toda la humanidad y no quiere el mal de ningún ser humano. Ante esas palabras no puedo dejar de pensar no sólo en la cantidad de muertos, desaparecidos, heridos y damnificados del terremoto, sino también en el resto de las desgracias mundiales… pero esa es harina de otro costal. Predican que podría haber sido peor, que hay que rezar y dar gracias sin parar, como si la máxima pérdida de todos hubiese sido el televisor hecho trizas y la cristalería rota. Mandan a expiar pecados pasados, presentes y futuros ante el fin inminente. Otros especulan, citando y citando libros sagrados como principal respaldo a sus teorías, que el 2012 vendrá Cristo a tirarnos las orejas. No es momento para esas niñerías, como si pasar una temporada de hambre hablándole al cielo fuese a servir para deshacer los efectos del terremoto y hacer que broten de la tierra las casas caídas, como margaritas. Hablan de señales del Apocalipsis que ni ellos mismos entienden, pero que con mucha verborrea utilizan para conquistar a la gente desesperada y sicológicamente débil.
Se apoderan de los valores básicos que conforman los lazos sociales, les dan un nombre y los reparten en panfletos, al final
todo lo justifican con “los motivos de Dios son un misterio para el hombre”. Quizás en verdad no hay ningún misterio, sino que para no perder el buen negocio de la fe, amarran sicológicamente a los feligreses. Hacen todo un trabajo publicitario del supuesto fin del mundo, alegando que la cantidad de guerras ha aumentado, al igual que las desgracias; obviando que esa sensación de “abundancia” de catástrofes se debe nada más que al vertiginoso aumento de cobertura que han sufrido los medios de comunicación masivos durante el siglo XX. Si ahora parece que el mundo es más negro, es porque nos enteramos de más hechos; no porque la frecuencia haya aumentado. Siempre ha habido catástrofes, guerras, hambrunas, epidemias, pero hace un par de siglos la gente común ni siquiera sabía leer. ¿Se enterarían que había un país llamado Chile? Bah, que ni siquiera éramos nación entonces…
“Ore, ayune y arrepiéntase”, “¡La Biblia lo dice! ¡El fin se acerca!”; entre las miles de voces que se hacen sentir en los templos, las calles y la web. Ya decía que las desgracias han existido siempre, pero no así la gran infraestructura mediática actual. Que ahora nos enteremos de todo no significa que los cataclismos bíblicos se estén cumpliendo, o los de cualquier otra creencia. Puede ser coincidencia, considerando que la Biblia en sí, es un libro recopilatorio de historias orales sumerias, que se reconstruyeron cuando los mesopotámicos inventaron su escritura y que, a lo largo de los años, ellos mismos fueron modificando según convenía. Algo similar pasa con los mayas y, en general, con todos los “libros sagrados”; que fueron escritos bajo determinadas presiones políticas, sociales y culturales. Islámicos, cristianos católicos y protestantes, judíos, etc.; sin excepción coinciden en la misma idea: arrepiéntase, rece, ayune y moleste a sus vecinos para que sean como usted. Da risa leer a devotos peruanos diciendo que el terremoto fue un castigo de Dios para Chile y al mismísimo presidente boliviano decir que fue una expresión de la Pacha-Mama en contra de las políticas neoliberales chilenas. No es que este a favor de éstas, pero eso me parece que raya entre lo absurdo y la ignorancia, considerando de quien viene. Si bien puede que la humanidad sea una plaga para la Madre Naturaleza, dudo que ella entienda algo de políticas, de hecho apostaría que le basta con que de una vez por todas se le respete.
Ya antes del terremoto se veía en las franjas culturales de la TV abierta y en los canales científicos del
cable una seguidilla de programas acerca de las señales del Apocalipsis, los misterios de Nostradamus y las profecías bíblicas y/o mayas. De pronto parecen tomar sentido, los fanáticos religiosos y de otros cultos se agarran de todo ese supuesto material infalible para respaldar el aparente fin. Alegando –reitero- que es una prueba divina a la humanidad antes de la supuesta venida de Cristo, con el Juicio y la resurrección correspondiente; para que probemos un poco de nuestra propia medicina. (No sé porque esto cada vez más me sabe a un ataque de zombis.) Otros, más paranoicos, enlazan las predicciones mayas con las nostradámicas, insistiendo que antes del fin habrán cataclismos muy seguidos, frutos de diversos eventos cósmicos, como alineaciones planetarias, eclipses y tormentas solares. No negaré que la evidencia científica al respecto no sólo es más certera que las citas bíblicas, sino que es casi irrefutable (si no fuera por el casi…); sin embargo, aunque todas estas predicciones fuesen ciertas, de poco serviría salvo producir oleadas de pánico en la gente. Aunque los mayas, Nostradamus e inclusive la Biblia tuviesen razón, no es un proceso que esté en nuestras manos detener, por mucho que ayunemos o recemos o inventemos máquinas. Lo mejor que se puede hacer en momentos como estos es echarse al bolsillo las ideologías y trabajar codo a codo para reparar el daño, prevenirlo en el futuro y mejorar las debilidades.
Y, a propósito de conjeturadores del porvenir, no iban a faltar los magos, profetas y adivinos que “todo lo saben”. Un tal mago Yin predijo (según él) el terremoto de Chile, aunque curiosamente lo dio a conocer con más fuerza después que hubiese pasado; a pesar de haber un registro de la supuesta predicción el 31 de diciembre de 2009. Sin mencionar que sus predicciones políticas y deportivas, entre otras, no resisten ni el menor análisis; lisa y llanamente porque cualquier persona con dos dedos de frente que se siente a pensar respecto a los eventos sísmicos, políticos, deportivos, etc. del país y el mundo en los últimos 20 años podrá notar y predecir con la misma vaga precisión del maguito. Chile es un país sísmico, en cuya costa se encuentran la Placa de Nazca con la Sudamericana, que chocan constantemente pues “avanzan” en sentido opuesto. Cada cierto tiempo siempre tendremos un terremoto como el recién pasado, un período aproximado de 25 a 40 años… con decir que una persona de 80 años debería morir con alrededor de 3 terremotos en el cuerpo. Algo similar pasa con eventos políticos y deportivos actuales, en el sentido de que basta analizar los acontecimientos pasados para entender más o menos que es lo que viene. Ninguna magia, ningún poder adivinatorio, solamente capacidad de análisis promedio.
Obviando a la gente o
ciosa que llama la atención de los medios mediocres con sus falsos poderes adivinatorios y a los “misioneros” que abusan del dolor ajeno, cabe destacar que no toda la labor religiosa –y no tan religiosa- es ridícula para afrontar la situación. También ha habido congregaciones que se organizaron para auxiliar a quienes lo necesitan, han reunido víveres y voluntarios en busca de subsanar la herida que el terremoto nos ha dejado. Actuar loable considerando que ellos evidentemente no dan abasto –dotar de techo a tres regiones casi por completo no es lo mismo que construir para la gente de uno o dos campamentos, no hay que ser genio-, viendo la desconsideración de aquellos que, por el deber que le otorgan los votos de la ciudadanía, están obligados a socorrernos como corresponde… y no lo han hecho de manera digna. Con mencionar que una de las carpas de última generación que se envió desde Rusia (si no me equivoco) la dejaron en Santiago porque, según el gobierno actual, acá no la necesitamos. O la orden del sr. Piñera de disminuir el envío de ayuda a las zonas afectadas para reactivar el comercio. ¿Sería el señor presidente tan amable de decirme de donde va a sacar plata la gente, si la mitad lo perdió todo y la otra mitad fue despedida? ¿En que locales quiere que vendan, si el centro de Talcahuano está inutilizable por la fetidez y la descomposición, si Dichato entero está en el suelo, al igual que la mitad de Talca; por mencionar algunos? Me ahorraré mis apreciaciones personales respecto al nuevo gobierno, sólo diré que… habrá que aguantarse 4 años, nada más…
Volviendo a la ayuda no gubernamental con toques creyentes, aunque se llenen la boca con los valores “cristianos” (¡son universales, caramba!), igualmente buscan sacar su provecho; sea más devotos o más publicidad gratis o más dinero. Ya leía en algunos informativos que se esperaba ayuda del gobierno para reconstruir iglesias dañadas, muchas de ellas patrimonio cultural. Visto desde ese punto de vista, es lógico; no obstante, me parece que hay más motivos para desaprobar esta idea antes que apoyarla. Primero que todo, porque el Estado de Chile es Laico, o sea, no muestra ninguna inclinación particular hacia alguna religión en concreto; que trabaja con todos los chilenos sin mirar credos. Otro motivo es que no es prioridad. Si bien es triste perder construcciones en las cuales se refleja parte de nuestra historia, la reconstrucción del patrimonio –en general- debe pasar a un segundo plano hasta que todas las familias en aprietos tengan soluciones. También hay que considerarse que, en el caso particular de las Iglesias, éstas están bajo la administración de la comunidad religiosa a la que pertenecen, la cual es responsable de su mantención; y según entiendo la mayoría es católica. Demás está decir que la Iglesia cuenta con recursos necesarios y si no, bien puede mandar a pedir al Vaticano. Es cosa que los curas trabajen un poco en la gestión del asunto, se supone que entre ellos deben ser un ejemplo de solidaridad, ¿no?

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