¡Vamos a ver el circo!! ¡Arelejujui!

El estúpido editor de entradas es tan complejo que me hace perder la inspiración. Eso lo vuelve odioso y poco atrayente, pero San Google así lo quiere. ¡Arelejujui!
Creo que ya recordé lo que quería escribir. Era sobre la caída en picada hacia la decadencia. DECADENCIA. Meditar acerca de el hecho irrefutable que significa decir que el mundo es un bodrio. Lo triste que es decir “en mis tiempos bla bla bla bla” cuando todavía no llego ni a los 25, y peor aún, tener la misión imposible de intentar educar a las nuevas generaciones para detener la involución exponencial. Sentirse intelectualmente preparada, con las habilidades necesarias, y saber que a tus educandos les interesa más ir al cerro a follarse al delincuente juvenil de turno, o estar escribiendo en feisbuk cuantos minutos les quedan para escribir el siguiente estado. Aún ni empiezo oficialmente a trabajar y ya quiero huir desesperadamente hacia el infinito, o donde me alcance el dinero.

La solución más rápida a este dilema personal tomará al menos unos 3 años. Los años en la universidad, estudiando, luchando y aguantando a los hipócritas me ha dado suficiente paciencia como para decir que 3 años es un moco. Así que ya no desespero.

Pero independiente que en mi vida haya una salida digna para evitar -en lo posible- la decadencia, todavía queda el resto del mundo. Vivir en un país de cobardes y carroñeros no me hace gracia y no me enorgullece ser chilena, al menos no como antes. Digo, prefiero ser chilena que boliviana o mexicana o venezolana o estadounidense; pero no me hace gracia la chilenidad. Si pudiera declararme ciudadana del mundo -cual adolescente hipster, pero a consciencia- sería ideal. Pero la ONU aún no inventa esa nacionalidad, una verdadera lástima.

A veces una va en la micro y en la radio suena una mierda, y le dicen música. En la televisión muestras semi adolescentes semi desnudas semi follando y se le llama Televisión con Contenido, los libros más vendidos son los más huecos, y los que criticamos somos “comunistas”. Este bodrio de mundo se ha empeñado tanto en clasificar y clasificar, parcelarlo todo, que entonces, en vez de armar el rompecabezas de la vida, terminan revolviendo más las piezas. Y SÍ. En mis tiempos, los vampiros eran un símbolo de la soledad humana, criaturas rechazadas y ajenas a la humanidad; no populares engendros depresivos que están eternamente reviviendo High School Musical. En mis tiempos, la música era mucho más que 3 acordes repetidos 64 veces en 4 minutos, con letras que por sí mismas eran verdaderos poemas, no una horda de insultos y obviedades. En mis tiempos, la televisión tenía crítica social, tenía programas culturales que culturizaban y las mujeres semi desnudas se veían después de las 10 de la noche, vestidas como mujeres sensuales y no como prostitutas. En mis tiempos, la escuela era para aprender, no una guardería de 12 años. En mis tiempos, era más divertido salir a jugar a la calle que estar jugando videojuegos (aún teniendolos). En mis tiempos, salir de camping implicaba dormir en el suelo y cocinar en fogata, sin tele, sin refrigerador, sin colchón. Y en mis tiempos, las cosas de grandes (celulares, cámaras fotográficas, maquillaje, joyas, taco alto, armas, alcohol, drogas, garabatos, sexo, etc.) eran de los grandes.

El mundo está cambiando para peor. Todos lo saben, todos lo dicen, pero ¿alguien lo entiende? ¿Hay alguien aquí capaz de dimensionar lo que esta involución intelectual significa? ¿Qué la vida se esté mecanizando tanto, que la red de internet se esté usando tan mal, se esté prestando para tanta vanalidad? ¿Qué la adultez invada tan vilmente la infancia? ¿Qué nos alejemos tanto de nuestra raíz natural, animal, salvaje? ¿Acaso no somos monos con -sofisticadas- herramientas, cual chimpancé? ¿Cual es el fin de tanto “avance” si al final la cura del cáncer y las energías limpias dependen de la disposición de los consorcios farmacéuticos y petroleros, respectivamente?

La humanidad es una estupidez. No saben cuánto deseaba que pasara algo el pasado fin del mundo (21 de diciembre de 2012), que se acabara tanto ambicioso estúpido con poder, que despertaramos de esta pesadilla que venden por sueño. Pero no. No pasó nada y debió haber pasado, porque si no muere gente en grandes cantidades, las sociedades no aprenden… Sólo con la muerte el hombre recuerda y entiende lo pequeño, inútil y frágil que es. Hay sociedades enteras que merecen desaparecer de una vez, pero no sucede, y eso es más desalentador aún. Pensar que morir es más grato que vivir en este basural, que no procrear para hacerle el favor a tus hijos de no vivir en este bodrio llamado Chile, llamado Mundo.

Sr. Lector, apague el cerebro, prenda la tele, abra feisbuk y escriba su reporte. Vamos a ver el circo.

 

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