Los 20

La crisis de los 20… No de la “década de los 20”, ese periodo que abarca el espacio existente entre los 20 y lo 30 años. No me refiero a eso, sino que a la Crisis de los 20, los 20 años justitos, esa barrera que se rompe cuando soplas las velas y tu edad cambia de digitación.
La forma de vivir ese año en que mágicamente dejaste de ser un niño depende de cada persona. Hay quienes la pasan jugando videojuegos hasta terminar con Síndorme del Túnel Carpiano, otros que le da depresión, otros que la pasaron haciéndose mierda carreteando y otros que ni siquiera notan la crisis (o es lo que creen).

En realidad, el impacto del cambio de digitación dependerá de la persona, que tan rebelde o consciente o inmaduro sea y se sienta. Por ejemplo, una persona consciente del paso del tiempo pero a la vez inmadura se podría sentir agobiada, mientras que una persona rebelde pero madura lo verá como una oportunidad de volverse medio loco o de buscar nuevos horizontes.

Bueno, todo esto de la crisis de los 20 es por la serie de reflexiones que últimamente vienen a mi cabeza. Ya son 5 años de ese cumpleaños igual a todos los demases pasados y futuros, pero cuyo impacto sentí ese y los 2 años siguientes. Me volví medio loca y sí, yo fui de las que se volvió mierda carreteando, quizás porque en el fondo buscaba nuevos hosrizontes, nuevas experiencias y, bueh, alguna que otra aventura “para contarle a los nietos.” Mi último carrete destroy fue hace… uhmmm…1 o 2 años, creo, pero fue suficiente como para saber que ya no es lo mío. Se podría decir que ahora estoy prefiriendo calidad antes que cantidad, buena compañía a compañía mediocre, y eso llevó a que me alejara de las personas que fueron mis amigas durante mi crisis de los 20.

Digo “amigas” y no el plural génerico “amigos” (aunque quizás debería), porque siempre me he llevado mal con mi género. Lo rara no se me va a quitar ni con mil crisis, pero hay veces que me baja lo niña y puedo sociabilizar con otras mujeres. Cuando regreso, se me hacen insoportables, demasiado hipócritas, banales, intolerantes… las mujeres, criadas bajo los prejuicios de una sociedad machista, y en especial las que se creen feministas, son las peores. Típico que quieren los derechos de los hombres, pero no quieren los deberes: ¿Cargar una caja? No, soy mujer, eso es de hombres. Quiero el mismo sueldo de él, pero no quiero la misma presión laboral. Soy capaz de ser dirigenta y sacar la cara por mi asociación/sindicato/coordinadora pero si me dicen fea, egoísta o tonta me pondré a llorar, así que tratenme con delicadeza. Puras estupideces. En ese sentido, si quieres estar en igualdad de condiciones que los hombres, eso incluye lo bueno y lo malo.

Y por eso me cuesta llevarme con mi género. Las mujeres llevan eones siendo criadas sin un ápice de honor… eran los hombres los que iban a la guerra, que debían cuidarse la espalda entre ellos, confiar ciegamente en su compañero. Mientras las mujeres se quedaban en los feudos, en los burgos, en la casa, tejiendo y bordando patrañas de hipocresías para sus congéneres, a ver cual era descubierta primero. Claramente, eso es en gran medida provocado por la presión social de castidad y boludeces de esas, pero nadie dice que no podían oponerse. Antes de la Edad Media, antes de la Edad Antigua… Y así ha sido. El hombre protege a sus congéneres, si un tipo engaña a su mujer, no le cuenta a la esposa lo que anda haciendo su amigo; pero si la mujer engaña al marido, las amigas corren a decirle a alguien. La mujeres son maracas entre sí, no son demasiado confiables, tarde o temprano te apuñalarán por la espalda… a menos que seas un hombre o ellas sean “masculinas”.

Con mujer masculina no me refiero ni a las marimachas ni a las lesbianas. Las lesbianas son igualmente mujeres y, por lo tanto, son potencialmente traicioneras como cualquier otra. No es una cuestión de sexualidad, sino que de género. Una mujer masculina es la que asume consciente o incoscientemente derechos y deberes, sean masculinos o femeninos. No le da asco nada, ni se anda haciendo la finita, se preocupa de sus fines y asumirá las consecuencias de sus actos, impliquen lo que impliquen. De hecho, la división “esto es de hombre, esto es de mujer” es irrelevante para esas mujeres. Para ellas, si quieren follar como locas, se cuidan porque saben lo que eso significa; al igual como lo haría un hombre. Si quieren igualdad de condiciones, aceptan lo bueno y lo malo implícito. Le hacen frente a la vida y no se hacen las delicadas. Como dije, o quiere decir que sean marimachas o lesbianas. Simplemente son atinadas: No van a ir con tacón alto al centro si saben que tienen que caminar mucho, ni se van a poner escote y/o minifalda si hace frío, no van a andar con una carterita de 3 cm si no les cabe todo lo que necesitan, no se pondrán joyas si van a un barrio de altos niveles delictuales. Se ahorra problemas, se hacen la vida más fácil.

En muchos sentido suena súper lógico lo que estoy diciendo, pero no es tan así. Yo aún veo compañeras que cumplen la descripción opuesta a una mujer masculina. Y claro, se ven bonitas, están pintaditas incluso si llueve, no pueden ni rascarse un ojo por temor a que se les corra el rimel; pero son inútiles. Frágiles hasta la estupidez, cobardes como ratas. Y por eso dejé a mis amigas de la crisis de los 20.

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