Cita

A un amigo

Qué paradójico es que se le parezca tanto y a la vez no le guarde semejanza alguna. Pero lo leo y es él, no puede ser otra persona, no se puede expresar(lo) mejor.

“(…) Está en el último escalón, en el último travezaño de la escalera de la alcantarilla; más abajo no hay nada, ni siquiera la mendicidad; Cristián no podría ser mendigo, no podría pedir nada; preferiría morirse de hambre antes de hacerlo. Tiene algo, una dureza, una altanería, casi una dignidad, que le impide aceptar nada que él no sienta que puede aceptar sin que ello lo rebaje ante el concepto que tiene de sí mismo, no en cuanto a ladrón, no en cuanto a ser social -no entiende de esas cosas-, sino en cuanto a hombre, porque Cristián tiene un concepto del hombre, un concepto de sí mismo, mejor dicho, que quizás no sea sino algo inconsciente, que tal vez no es ni siquiera concepto -ya que eso parece implicar inteligencia, discernimiento por lo menos- sino un puro reflejo de su animalidad, pero que es algo y algo que vale, por lo menos para mí. Odia la piedad, quizás porque no sabe lo que es o porque sospecha que no levanta sino que mantiene al hombre en su miseria. Muchas veces he sospechado que en muchos individuos de esta tierra, sobre todo en los de las capas más bajas, sobrevive en forma violenta el carácter del antepasado indígena, no del indígena libre, sino del que perdió su libertad; es decir, conservan la actitud de aquél: silenciosos, huraños, reacios al trabajo, reacios a la sumisión; no quieren entregarse, y entregarse ¿para qué? Para ser esclavos. ¿Vale la pena? Hay gente que los odia, sí, hay gente que los odia, pero los odia por eso, porque no se entregan, porque no les sirven. Debo decirte que yo los admiro, y los admiro porque no los necesito; no necesito que trabajen para mí, que me sirvan, que me obedezcan. Otra gente se queja de ellos, aunque no los odie. Olvidan que el hombre que domina a otro de alguna manera, porque es más inteligente, porque es más rico, porque tiene poder o porque es más fuerte, no debe esperar que jamás el hombre que se siente dominado alcance alguna vez cualquiera de sus niveles. Los alcanzará o intentará alcanzarlos sólo cuando no se sienta dominado o cuando vea y comprenda que el que domina aún a pesar suyo -porque es más inteligente, por ejemplo- quiere levantarlo para hacerlo un hombre perfecto y no un sirviente perfecto. Habría que acercarse a ellos como un padre o un hermano se acercan al hijo o al hermano que aman, pero ¿dónde están los amos, los gobernantes o los matones dispuestos a olvidarse de su dinero, de su poder o de su fuerza? Sin contar con que no son los más inteligentes… Cuando un carácter asi, rebelde, se da en un individuo de otra condición social, en un hombre al cual no se podría, de ningún modo, obligar a servir a nadie, la gente lo admira; cuando se da en pobres diablos, se les odia. No se puede tener ese carácter y ser un pobre diablo: el pobre diablo debe ser manso, sumiso, obediente, trabajador; en una palabra, debe ser un pobre diablo total. Pero no sé si éste será un fenómeno de la tierra; creo que no: esos hombres existen en todas partes. Cristián sabe que si él se hubiera mostrado sumiso en las comisarías, no le habrían pegado; pero no quiso serlo, no pudo serlo: prefirió los palos y los puñetazos a hacer el sirviente o el tonto. Eso vale algo.”
Hijo de Ladrón (fragmento)
Manuel Rojas
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