Hay que dejar de morderse la lengua

“Los chilenos no tienen amor propio ni la delicada decencia de los libres. La envidia, la emulación baja y una soberbia absolutamente vana y vaga son sus únicos valores y virtudes nacionales…”
Manuel Rodríguez

Mi país es muy bello. Tiene un desierto que quita el habla, montañas tan blancas, tan altas, que recuerdan a uno la pequeñez de la que venimos. Hay bosques nativos tan bellos que es inevitable pensar cómo seducirían al español, proveniente de ese cuero curtido al sol que es su tierra. Hay un océano bravo y magnánimo que lame las costas, una fauna exclusiva… Pero también hay contaminación de todos los tipos, basura en las esquinas, en todas partes menos en los basureros, hay animales abandonados y maltratados, hay… hay tantas cosas negativas. Pero Chile es un país hermoso, turístico y pujante.

Este amor por aparentar que está todo fabuloso, que todos somos ricos… ¿Por qué? No lo entiendo. Hay gente valiente dispuesta a luchar por lo que es justo, a mojarse el poto por los sin voz, y ellos prefieren el maní del mono. Prefieren tropezar con la misma piedra. Quizás, este país lleno de chivos expiatorios y culpar sin expiar se merezca caer en lo mismo. Tal vez se merezca su miedo, se merezca su hipocresía, se merezca que le roben en la cara, que le pifien en la fila y les sonrían con cinismo,  que sepa más de fútbol que de lo que pasa en sus calles, que se llame igualitario para no ser tolerante, que se crean jaguares cuando con suerte somos un gato piojento medio pelado.

“Cada pueblo tiene el gobierno que merece”

En internet se pelean si la frase es anónima, de Churchill o de José de Maistre. Yo no lo sé, ni me interesa hablar de ello ahora. Pero Chile se merece su mierda, se la merece como pocos países en Latinoamerica y en el mundo. Se la merece por ser un país de cobardes, de asesinos por la espalda, de doble moralistas, de oportunistas inescrupulosos, de ladrones mafiosos, de perversos que juegan con los sueños de los demás. Me molesta la gente que se ofende porque le dicen que Chile está mal, que es injusto. Como si por negar una realidad evidente fueran más patriotas… y sin embargo, para la gran masa (o “weonaje”, como prefiero decirle) lo son. Porque este rincón del paraíso es donde viven los cobardes, los mentirosos, los ambiciosos, los envidiosos. En este rincón olvidado prefieren vivir de apariencias de cartón que de realidades de concreto.

Y por eso, a los que dicen las cosas por su nombre se les llama violentos, anarquistas, prepotentes. Pero yo les propongo un ejercicio de lógica, de mente: ¿No es más violento que una persona tenga que esperar 1 año para ser atendida en un hospital, mientras que otra, sin ningún otro “mérito” que su dinero, puede ser atendida con cuanto lujo pueda otorgársele? ¿No es más prepotente que nos traten como un número, como una horda de descerrebrados, que nos traten como inválidos (sin serlo, incluso los inválidos de verdad), que nos traten, en definitiva, como weones, sólo porque tenemos menos dinero y menos influencias? ¿No es más anárquico que dos grupúsculos se peleen entre ellos quien detenta el poder para darle a sus amiguitos y familiares puestos con sueldos millonarios, mientras el weonaje intenta parar la olla con 100 lucas y un bono de 40 mil?

La estupidez no discrimina, y ellos se encargan de que las generaciones que vienen sean aún más estúpidas.  No puedo evitar sentirme como un marciano en medio del weonaje, sentirme extranjera en mi propio país, sentir que nada de lo que aquí se hace, se dice y se vive tiene que ver conmigo. Y es triste, desesperanzador; pero no queda más opción -para mí- que seguir siendo el bicho raro, la amargada que se queja por todo, la incoformista, la frustrada, la pesimista… ¡Cuánto quisiera salir de este hoyo de mierda! ¡Olvidarme de la hipocresía, de la injusticia, de la cobardía! Pero soy pobre, no tengo un Porsche ni casa en Pingeral ni museo personal en una de mis masiones en la Dehesa. Soy una laucha más en este Universo 25, una laucha que trata de salir para ver si así puede encontrar algo más que mierda y madres devorando hijos.

“Y a veces me da tanta rabia que hasta busco a un culpable, tú ya me conoces, esas mañanas en que aparezco con cara de perro, busco al culpable, pero no encuentro a nadie o para peor encuentro al equivocado y me hundo. (…) Entonces le echo la culpa a Chile, país de maricones y asesinos. (…) Y entonces pienso que este país se fue al diablo hace tiempo, que los que estamos aquí nos quedamos para sufrir pesadillas, sólo porque alguien tenía que quedarse y apechugar con los sueños.” Bolaño, escritor chileno de nacimiento, cosmopolita de nacionalidad. Y en 5 meses nos sacó el rollo y se fue, en una sabia decisión. Apechugar con los sueños es lo que nadie quiere hacer, porque es una tarea tan grande, tan importante, que este país de cobardes prefiere quedarse con las mijagas que los gringos dejan en el McDonald. Y cuando alguien lo intenta, le tiran mierda, toda la mierda posible, para que se hunda en la mierda como todos nosotros; porque soñar es un derecho de ricos, de gringos y de jaguares, no de lauchas pulgosass ni de gatos colipelados. Y tratan de robarnos los sueños. Y a veces lo consiguen. Y a veces, nos matan por defenderlos.

“Todos somos bien chilenos y ninguno se baja de las ramas. Un boscaje para cagarse de miedo.” – Bolaño

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