Afuera y echada.

He pensado mucho acerca de mi actual condición de karateka fuera de entrenamiento. No considero que es algo que yo haya querido o deseado, sino que es algo así como el resultado de una serie de eventos desafortunados que me llevaron a estar así: echada.

Primero, la fractura, la estúpida fractura, la burlona fractura que me robó un verano de entrenamientos. Luego mi eterno pie plano, que ha alcanzado su grado álgido. Cuando me dijeron que quizás necesitara cirugía quedé impresionada: eso significaría al menos un año de aprender a caminar de nuevo. Y la artrosis y la esclerosis de los pies complicaban aún más el escenario, al punto que me dijeron que quizás lo mejor sería dejar de entrenar para siempre.

En un acto de rebeldía, decidí seguir entrenando apenas me recuperé de la fractura. Pero poco me ha durado. El problema del pie plano me resiente horriblemente los tendones y, si entreno un día, tengo que descansar el resto de la semana… y eso no es entrenamiento. Si el entrenamiento no es continuo, es igual a que no fuera… así que dejé de ir.

De eso, un mes sin entrenar. Cuando fui al doctor nuevamente, se vio bastante mejor la cosa: tal vez la cirugía no fuera necesaria si seguía respondiendo positivamente al tratamiento. Pero hay que reducir el dolor, por lo que me dio un medicamento (que no he comprado xD), y me mandó a hacer plantillas nuevas. Si de aquí a julio el dolor disminuye, habré ganado la batalla. Porque el doctor fue claro en esto: hay que evitar la cirugía lo más posible. Aunque eventualmente tenga que operarme, mientras más tarde llegue ese día, mejor será. Nunca se queda 100% recuperado de tales cosas.

Pero me molesta no poder entrenar. Aunque, desde que comencé siempre me ha dado flojera ir a entrenar, siempre termino entrenando porque lo disfruto, aunque me peguen, aunque sea ridículamente torpe (soy ridículamente MUY torpe), aunque me tarde el doble que los demás en aprender. Pero ahora estoy afuera y echada, inmovilizada por mis pies deformes, enfocando mi atención en otras cosas para no prestarle atención a esa molestia constante conmigo misma, la misma que se vuelve inevitable cuando veo mi cinto abandonado junto al karategi.

Por ahora, no vuelvo, al menos hasta que compre el medicamento y mande a hacer las nuevas plantillas. Pero volveré. Siempre vuelvo.

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