El dolor del cuerpo

perro dolorubA veces quejumbrosa, no lo niego. Cualquiera creería no soy capaz de soportar ni el pinchazo de la aguja, pero ellos se equivocan, como siempre lo han hecho sobre mí.

Si me preguntaran si acaso tatuarme es el dolor más fuerte que he vivido, me reiría en sus caras. Si me incluyeran dentro de la larga lista de niños que lloraban cuando se raspillaban las rodillas, les miraría con desprecio (pues yo me largaba a reír, incluso cuando ponían alcohol en la herida). Para variar, no saben nada mí.

El dolor más grande que he vivido hasta ahora ha sido la rotura de mis tímpanos. Y no una vez, sino que varias veces desde los 5 años hasta los 13 años, aproximadamente. El oído empieza a doler de una forma agudísima, a ratos se te tapan los oídos, a ratos sientes que algo caliente fluye, a ratos te pitean, pero el dolor no te abandona jamás… hasta que empieza a sangrar. Cuando la sangre empieza a gotear desde tu oído, es el momento cúlmine del dolor, que te hace llorar debido a su intensidad, a su inevitabilidad, a su insoportabilidad, a su implacable agudeza; que aún aplicándole calor sigue pujando cruel hasta la locura.

El segundo dolor insoportable de mi vida, que me acompaña hasta hoy debido a la imposición social de tener que acercarme al modelo de mujer ideal planteado por mi estúpida sociedad occidental, es el de la depilación. Conozco muchas mujeres que no sufren mayormente con esto, que se depilan las piernas como si cepillaran los dientes. Pues yo no puedo. Es un dolor cargante y medianamente soportable, aunque ni remotamente parecido al de rotura de tímpanos, pero su inutilidad en la vida lo convierte en un suplicio que no pretendo pasar ni aunque fuera necesario. Es una suerte que existan las afeitadoras. En contraposición, estas mismas mujeres que se depilan las piernas me han confesado que son incapaces de depilarse las axilas (es decir, se las afeitan) porque consideran que duele en extremo. Yo me depilo las axilas y asevero firmemente que no duele (a menos que tengas los pelos largos, pero eso es aplicable a cualquier parte del cuerpo: a más largo el pelo, mayor dolor al sacarlo de raíz con máquina).

El tercer dolor es, sin duda, los calambres. Pero como son fáciles de detener, aunque sean intensos, no son nada que no se pueda resolver cambiando de posición la parte afectada y luego, un masaje.

El cuarto dolor es tatuarse la piel en zonas muy cercanas a los huesos. Es decir, tatuarse sobre “carne” casi no duele, he sentido arañazos más doloros. Pero cuando empiezan a rayar la zona con hueso, más vale que estés mordiendo algo que no sea tu lengua. Aún así, al cabo de un rato uno se acostumbra, simplemente se respira profundo y se piensa en gatitos. Problema resuelto.

Hay dolores que, obviamente, no he experimentado que podrían entrar en mi clasificación de dolor horrible, como el dolor de parto o una quemadura tipo marca de res, y espero no tener que vivirlos. Y por cierto, también he sufrido fractura de hueso, y pude terminar una sesión de entrenamiento de karate con ella. Cuando se vive con el dolor, uno sabe que dolores vale la pena sufrir.

Pd: Me pregunto cuantas palabras inventé en esta entrada xD

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