el fin de la humanidad

– Es tan triste.
– ¿Qué cosa?
– El fin de la humanidad.
– ¿Quién te lo ha dicho?
– Me lo ha mostrado la muerte.
– …
– A veces viene y se mantiene a mi lado. O a mis espaldas. Viene la muerte y me enseña esas cosas que nadie quiere ver. Me recuerda a los que se fueron… y porqué se fueron.
– Quizás sea la luz de la tarde.
– Un té a la luz del atardecer.
– Sí.
– No.
– …
– No lo es. La humanidad morirá. Y al final nunca se detendrá en las cosas bellas que pudieron mantenerla a flote… y si lo hace, será demasiado tarde.
– ¿Cosas bellas?
– Un perro meneando la cola, una canción… una frase, un leño ardiendo…
– Una pintura.
– Un viaje, una reunión de amigos… o una taza de té al atardecer…

Vídeo

The words of the prophets are written on the subway walls and tenement halls and whispered in the sounds of silence

Hello darkness, my old friend,
I’ve come to talk with you again,
Because a vision softly creeping,
Left its seeds while I was sleeping,
And the vision that was planted in my brain
Still remains
Within the sound of silence.

In restless dreams I walked alone
Narrow streets of cobblestone,
‘Neath the halo of a street lamp,
I turned my collar to the cold and damp
When my eyes were stabbed by the flash of a neon light
That split the night
And touched the sound of silence.

And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more.
People talking without speaking,
People hearing without listening,
People writing songs that voices never share
And no one dared
Disturb the sound of silence.

“Fools,” said I, “You do not know.
Silence like a cancer grows.
Hear my words that I might teach you.
Take my arms that I might reach you.”
But my words like silent raindrops fell
And echoed in the wells of silence

And the people bowed and prayed
To the neon god they made.
And the sign flashed out its warning
In the words that it was forming.
And the sign said, “The words of the prophets are written on the subway walls
And tenement halls
And whispered in the sounds of silence.”

THE SOUND OF SILENCE
Simon & Garfunkel
Cover by Disturbed

Apología de los caídos

El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos canta
Pablo Milanés,
Silvio Rodríguez,
Mercedes Sosa.
Mas no es la edad la que tortura
si no que el error, la vida, el amor
el tiempo, el camino
la distancia
las idas, las venidas, las ideas, los cominos

Cualquier excusa
cualquier tuerca
cualquier sentido
pero son los caídos los que alguna
vez en nuestro tiempo
fueron para nosotros algo más que simples conocidos

Aquella niña que orgullosa
me aseguró que
nuestra valentía no llora.
A pesar que finalmente la alejé con mi estúpida pachorra.
O esa otra que un día me habló y después me ignoró.
La que soportó mis preguntas
estúpidas
como esa que instigaba si acaso la lástima movía
su corazón.

Pero los verdaderos caídos, esos que
recuerdo entre las nubes
un chico que dibujaba conmigo
una chica con la que paseamos del brazo
y la pequeña muchacha de gran coraje y corazón
son sólo algunos.
Páginas de recuerdo, fotos quemadas
sencillas palabras, fantasías.

Entre tantos caídos siempre
hay multitudes malhabladas y ofensivas cuya
compañía en nada siento
el chancho es del fango
y yo estoy mejor en un lago, siempre mirando
nubes
nubes como esas donde a veces veo
la silueta de los verdaderos caídos.

A los verdaderos caídos los estimé hasta el alma
algunos incluso los amé
por ellos me humillé y me dejé
usar como un trapo,
volví llorando y sentida,
jugué sucio, mentí, me arriesgué,
aposté mi orgullo, mi dinero presté
peleé y discutí,
defendí y a veces vencí.

¿Y si era tan bueno, porqué se cayó?
Mi nostalgia clama desde su botellón.
No era bueno, respondo
por eso cayó, por suerte lo descubrí a tiempo
porque siempre hay ocasión para
reformar la fortuna, el camino y tu gente.
Eso hice yo
eso hice
eso
yo

La recuerdo a ella, líder en su pequeña pecera con su idolatrador bufón
soñando con grandes cosas desde su cielo y
sin mover ni un dedo, esperar
atención, reconocimiento
ganar una guerra que nadie peleó
que sólo en su mente ella creía librar, que
a nadie le importaba ni importó
ni siquiera a su contendora.
Ella sola lentamente se envenenó.
¡Cuánta vaciedad en el corazón!
¡Cuánta simpleza de pensamiento!
Qué culpa podría tener ella, que nunca había mirado realmente el firmamento.

Pequeña bufona, de tí guardo mejores recuerdos,
contigo aprendí lo que son los abrazos sinceros
lo que una sonrisa le hace a la vida,
que
no importa cuán cruento sea
el pasado
con una sonrisa todo recupera su encanto.
¡Incluso te escribí un poema
cuando empecé a extrañar tus desvaríos!
Pero siempre tu gran
problema
fue no desear ser dueña de tu destino.
Siempre quise verte libre, volar
como el viento o
esos pájaros que te gustaban, ya no los recuerdo,
pero aquella que debía ser tu gato Zorbas
terminó siendo la cruz en tu cuello.
Como un pequeño perro, movías la cola cuando
de mano en mano iba tu correa, por eso
hoy en día digo que para ti quemar etapas tan solo es
cambiar de administración.

A ti, a ti
a ti te odié, te quise, te extrañé y te olvidé.
De una especie de El Dorado, de otros lados, con
aires frescos removiste el ambiente y te odié, te odié
te odié por eso.
Por ese aire terminé mirando tus grandes ojos risueños
oyendo tu risa fácil, contigo riendo
esos malditos ojos risueños, esas risas, por
las que casi
casi
dejo todo. Pero
al final del camino
me saqué el alma del pecho, te la dejé
y de no haberlo hecho, lo más seguro
es que no
no habría empezado (…)
no habría dejado (…)
ni terminado.

Hay algunos caídos que lamento haber dejado caer.
Aún tu risa me parece contagiosa, y de ti tus ideas aún son
shuper locas.
Gracias a ti tuve el valor de probar cosas nuevas
cambiar mi aspecto, encontrar a mi reflejo más allá del espejo
Pero que pena que de esto
ustedes nunca
supieron.

Es interesante notar que la gravedad no a todos atrajo
que alguno simplemente tenían pies de barro
que bastaba algo de viento para que con
los dientes
tocaran el suelo.
Y así pasaron algunos años hasta que un día
vientos nuevos cambiaron tu suerte, ahí fue cuando
realmente vi tus pies de barro manchando
todo lo bello que teníamos a
nuestro paso.
También sé de ciertos muchachos, de cuya
afición por mí me enteré hace
poco rato.
Aunque alguno evidente, el otro apenas emergente
eventualmente fuimos amigos, pero con
el tiempo
el viento
terminaron caídos.

Hay algunos cuyos lazos aún mantengo
pero cada vez están más lejos
y temo
que con los años
acábense diluyendo.
Más triste es ver en el suelo
aquellos con quienes sostenías un pequeño sueño,
un castillo en las nubes, un polluelo
que se esfuma, se muere
sólo porque se les alteró el ego.
Pero, a pesar de este panorama tan feo, siempre
sentiré orgullo por aquellos que
desde el suelo, la ceniza y el vino
se reconstruyeron y, con visos nuevos, se
levantaron
tocaron mi hombro
dieron las gracias por
el tiempo dado,
con el que se restituyeron.

Mañana será otro día
¿Habían sentido alguna vez el peso de esa frase?
Dejar lo viejo con lo viejo y
aceptar lo nuevo
renovar el alma y el firmamento
sentir el viento, encontrar nuevos vuelos
abrazar al que abre los ojos contigo
decirle adiós al que se quedó lejos.
Cuando es de noche no puedo evitar
mirar los ojos de las estrellas
ver en ellos a quienes
en este arduo
camino
han caído
han decidido caer.
Pero cuando despierto en la mañana, lo primero
es a los infalibles ver
sonreír de orgullo por quienes han resistido las
tormentas del tiempo
tormentas del viento
tormentas de los cominos
y se han quedado a pesar todo
a pesar de nada
y a pesar de mí.

Leer en el micro

Micro: Abreviación coloquial de microbús.
Microbús: De micro- y bus. 1. m. Autobús de menor tamaño que el usual. Muy utilizado en el transporte público de regiones (Chile).

Hacía un largo periodo que no leía en el micro, creo que desde que iba en la enseñanza media, por lo menos. Pero desde hace un tiempo, he retomado un poco esta costumbre gracias a que una amiga vive a una hora de viaje, ya que una hora en la que sólo ir mirando por la ventana me parece muy aburrido. Después de casi 7 años (sin contar la secundaria) en los que o escuchaba música o estudiaba en el micro, ahora que retomé la lectura de libros propiamente tales, me es interesante notar como la gente reacciona al verte leer un libro. Sí, un libro. Ya que, al parecer, a ojos de la gente no es igual a leer un cuaderno, una fotocopia, una revista o un diario; a pesar de que técnicamente estás haciendo lo mismo: aprovechar el tiempo perdido del viaje para leer.

Cuando iba en el micro a la U con el cuaderno, la gente me ignoraba. Una reacción normal, desde mi punto de vista, pues nadie toma en cuenta a nadie en los micros a menos que se conozcan. Se considera raro hablar con un extraño más de lo que puede requerir la situación (por ejemplo, dar el asiento, ayudar a sostener algo, pedir permiso para pasar o cambiarle el puesto a la otra persona porque te bajas antes… y eso ya es como raro xD). También me ignoraban cuando leía fotocopias u hojeaba algún diario, en las ocasiones que tenía la suerte de toparme con los que regalan, claro. Pero cuando empecé a leer libros, la cosa cambió.

Las primeras veces que empecé a notar las reacciones extrañas fueron cuando tomaba el micro desde la U -donde me junto con Jaime, mi casero de libros- para ir a mi casa. El trayecto dura alrededor de 30 minutos, 20 si el chofer anda rápido y/o el tránsito está expedito. Así que en ese ratito solía ponerme a hojear los libros que compraba, no siempre logro resistirme a la tentación de entrever lo que me ofrecen sus páginas. Como al lado de la U hay un liceo (en la época que yo estudié ahí era escuela y sólo tenía primaria), a veces subían niñas pre-púberes, púberes y/o adolescentes, cuya reacción fue inicialmente lo que me llamó la atención, quizás por ser las más evidentes: primero, me miraban con cierta sorpresa al ver una persona joven para la que un libro es más interesante que un smartphone. Segundo, se alejaban y evitaban sentarse a mi lado. Tercero y opcional, intentaban parecer “cool”, ya que según dicta la TV y medios similares, leer no es cool. Esto último, sobre todo en chicas pre-púberes y púberes, a quienes el tema de los estereotipos les marca más literalmente que a los adolescentes, quienes ya pueden distinguir, comparar y elegir los elementos que componen dichos estereotipos y cuales de estos tienen realmente algo que ver con su personalidad, sus creencias, principios, etc.

Volviendo al tema, a estas niñas no les daba mucha importancia y las ignoraba completamente, cosa que ellas terminaban haciendo igualmente. Mas las que intentaban parecer cool me miraban como esperando una reacción, lo sé porque ni disimulaban xD, eran un espectáculo. Luego de estos episodios, comencé a leer en el micro en los trayectos largos, esto es, de una hora o más. Y es en estos trayectos donde realmente noté que las reacciones de extrañeza no eran “ralladura de papa” de mi parte. La gente reacciona distinto al verte con un libro-libro, esto es, una edición y no una fotocopia, como si estuvieran ante alguna clase de brujería o cosa exótica. Pero el cómo reaccionan, depende de cada uno, a pesar de que es posible establecer ciertos parámetros, tal como explicaré.

Primero, tenemos a coétaneo, esto es, un(a) joven de tu edad o cercano. Es el/la joven promedio que cuando sube al micro, al verte leer, simplemente evita sentarse a tu lado. Cuando van de a dos o más, te ven, pasan de tí, y siguen en lo suyo; es claro que les llama la atención que leas pero no les causa mayor sorpresa ni sentimiento alguno. Dentro de esta categoría esta la escolar que se sentó a tu lado para no ir de pie y hace cosas con su smartphone o duerme sin sentir mayor incomodidad y/o interés en lo que vas leyendo; y la variante de la joven coetánea pero con compras/llena de paquetes, que se sentó a tu lado y sólo entonces notó que leías. En ese caso, se incomodan un poco y tratan de remendarlo haciendo alguna cosa en su smartphone con inusitado interés y concentración.

Segundo, tenemos al hombre mayor (que yo, probablemente entre los 40 y 50). Él, al igual que la joven coetánea de compras, no se dio cuenta que estabas leyendo cuando se sentó a tu lado, pero al verte entendió por qué el asiento estaba vacío. Ellos se sienten bastante incómodos con el hecho de que tú leas, te miran constantemente, a veces como queriendo averiguar si estás durmiendo o leyendo, o tratar de ver qué lees (anda a saber si logran averiguarlo) o no sé. Pero te miran mucho, y, al igual que la joven coetánea, sacan el smartphone para “hacer algo”, pero a diferencia de ella pronto se da cuenta que no puede hacer mucho, así que lo guarda. Entonces mira alrededor, te mira, luego el smartphone. Y así sucesivamente, no necesariamente en ese orden, trata de matar el tiempo mientras tú lees, como si quisiera parecer que él también “aprovecha su tiempo”.

Tercero, la señora mayor (que yo). Ella, al igual que todos los que se sientan a tu lado, no se dio cuenta que leías, sólo vio el asiento vacío y fue rauda hacia él. Esta mujer, al igual que el hombre, se incomoda al verte leer, es como si le tocaras alguna fibra, como si le recordaras algo que no quería. Lo habitual es que saque su smartphone y se olvide de tu existencia, en ese sentido, molesta muchísimo menos que el hombre. En otros casos, cuando no tienen celular, al verse sin nada que hacer se incomodan, se acomodan infinitamente en el asiento, se arreglan el pelo una y otra vez, miran la hora, miran alrededor, etc. En estos casos, molestan el doble que el hombre. Pero nunca te miran, por lo que se puede decir que son más discretas que los hombres.

Cuarto, el flaite. Te ve leer, te mira de reojo sin disimular su sorpresa al enterarse de que la gente aún lee y, si es que se sentó, se cambia de lugar.

Quinto, la persona que te ignora, que suelen pertenecer a cualquiera de las categorías anteriores, si llegase a sentarse a tu lado, trata de no molestar. No le importa que leas, no le pasa nada. Estos son la minoría, creo que sólo una vez se sentó a mi lado alguien así.

– Pero Nico, ¿de verdad lees en los micros o lo haces para espíar a la gente?

Ambas. xD En el micro me cuesta el doble concentrarme en la lectura, en especial cuando alguien se sienta a mi lado porque suelen moverse tanto que pareciera que tienen ladillas (o pidulles, diría mi abuela). Por lo tanto, cuando me desconcentro, antes de retomar la lectura espío por el rabillo del ojo a quienes me rodean.

Sin embargo y espionaje aparte xD, así como a la gente le parece raro que lea libros, a mí me extraña que a ellos les cause conmoción. Sé muy bien que los libros son caros, que estamos en un país con nula cultura de lectura y que el micro no es el mejor lugar para leer, pero de ahí a incomodarse creo que hay algo más que el mero hecho de sentirse por preferir gastar CLP$200.000 (US$297 aprox.) en un smartphone que en libros (no entraré en el tema de la calidad literaria, es harina de otro costal). Como mencioné anteriormente, hay gente que parece sentirse culpable o raro por no estar leyendo como el de al lado. En ese sentido, y en vista que no conozco en absoluto a toda la gente con la que he compartido el micro, la razón más universal que se me ocurre es que el chileno necesita sentirse igual o superior al de al lado. Es decir, en el ejemplo concreto de mi acto de leer, la gente necesita sentirse o haciendo algo (lo que sea), o haciendo algo “importante” (porque algunos consideran que leer es un acto importate) o haciendo algo “intelectual”; pues el hecho de estar leyendo les plantea una nueva pauta que (en Chile) culturalmente es visto como “superior” a ir chateando en el celular, pero a la vez inaccesible, ya sea por lo caro de los libros y/o la nula usanza de leer libros en espacios públicos en general.

No digo que leer sea superior a chatear o mirar por la ventana, de hecho, simplemente son formas de pasar un tiempo muerto como es el movilizarse de un punto a otro. La valoración “superior” o “raro” o “intelectual” o cualquiera sea con la que se etiquete el acto de leer en espacios públicos (como el micro) proviene de la gente que no acostumbra a verlo y/o hacerlo. La gente mide a los demás según sus costumbres, prejuicios, crianza, principios y demases elementos que componen la totalidad del ser humano, por lo que si una amplia mayoría cree que lo normal al viajar en un micro es chatear por el smartphone y/o mirar la nada, cualquier cosa que salga de ese parámetro les causará alguna clase de conmoción. Del mismo modo, si la gente cree que leer libros (insisto en esto, pues al parecer leer en otros formatos tiene una valoración más “normal”) es algo “intelectual” o “superior”, se sentirá y actuará acorde a lo que dicho concepto le provoque. ¿Y qué les provoca? Incomodidad -evidente- en la mayoría de los casos, pero una incomodidad que es sólo el síntoma de otras cosas que no sé ni sabré jamás, porque están ligadas a las vidas de cada una de esas personas que, claramente, no sienten la misma familiaridad que yo siento por los libros. Y es asunto de ellos, por mí está bien. Pero si fueran un poquito más empáticos y no se movieran tanto cuando se sientan a mi lado y descubren que estoy leyendo, se los agradecería un montón. Ya bastante tengo con lo que suena y se mueve el micro.

malditos micreros arruinaron las micros

El meme no tiene mucho que ver con el texto, pero refleja un sentir. Aunque hay que saber que no todos los micreros son unas bestias regetoneras salvajes y malhumoradas que te tratan como el pene, también existe una minoría de micreros que son unos verdaderos caballeros, lástima que sean tan pocos.