Estado

Besitos en los mofletes ahahahaha

Mirando mi blog y releyendo algunas entradas antiguas, además de reírme de mis propias tonterías, noté que muchas de mis entradas tenían “me gusta” por otros bloggers, varios que reconocí porque sé que me siguen y porque yo los sigo y así nos seguimos en la infinita ruleta del seguimiento (?). Entonces, en medio de esta madrugada surgió en mí una interrogante de angustia sardónica…

En la buena onda, ¿porqué? xD

Igual se agradece que mis lectores imaginarios no sean tan imaginarios, siempre es bienvenido un “me gusta” en alguna de mis weas. <3 Aunque reconozco que, cuando el analitics acusa más de cinco visitas en un día, me siento espiada… pero en el buen sentido. (si es que eso existe)

Besitos en los mofletes a todos mis lectores imaginarios ~~

(?)

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Leer en el micro

Micro: Abreviación coloquial de microbús.
Microbús: De micro- y bus. 1. m. Autobús de menor tamaño que el usual. Muy utilizado en el transporte público de regiones (Chile).

Hacía un largo periodo que no leía en el micro, creo que desde que iba en la enseñanza media, por lo menos. Pero desde hace un tiempo, he retomado un poco esta costumbre gracias a que una amiga vive a una hora de viaje, ya que una hora en la que sólo ir mirando por la ventana me parece muy aburrido. Después de casi 7 años (sin contar la secundaria) en los que o escuchaba música o estudiaba en el micro, ahora que retomé la lectura de libros propiamente tales, me es interesante notar como la gente reacciona al verte leer un libro. Sí, un libro. Ya que, al parecer, a ojos de la gente no es igual a leer un cuaderno, una fotocopia, una revista o un diario; a pesar de que técnicamente estás haciendo lo mismo: aprovechar el tiempo perdido del viaje para leer.

Cuando iba en el micro a la U con el cuaderno, la gente me ignoraba. Una reacción normal, desde mi punto de vista, pues nadie toma en cuenta a nadie en los micros a menos que se conozcan. Se considera raro hablar con un extraño más de lo que puede requerir la situación (por ejemplo, dar el asiento, ayudar a sostener algo, pedir permiso para pasar o cambiarle el puesto a la otra persona porque te bajas antes… y eso ya es como raro xD). También me ignoraban cuando leía fotocopias u hojeaba algún diario, en las ocasiones que tenía la suerte de toparme con los que regalan, claro. Pero cuando empecé a leer libros, la cosa cambió.

Las primeras veces que empecé a notar las reacciones extrañas fueron cuando tomaba el micro desde la U -donde me junto con Jaime, mi casero de libros- para ir a mi casa. El trayecto dura alrededor de 30 minutos, 20 si el chofer anda rápido y/o el tránsito está expedito. Así que en ese ratito solía ponerme a hojear los libros que compraba, no siempre logro resistirme a la tentación de entrever lo que me ofrecen sus páginas. Como al lado de la U hay un liceo (en la época que yo estudié ahí era escuela y sólo tenía primaria), a veces subían niñas pre-púberes, púberes y/o adolescentes, cuya reacción fue inicialmente lo que me llamó la atención, quizás por ser las más evidentes: primero, me miraban con cierta sorpresa al ver una persona joven para la que un libro es más interesante que un smartphone. Segundo, se alejaban y evitaban sentarse a mi lado. Tercero y opcional, intentaban parecer “cool”, ya que según dicta la TV y medios similares, leer no es cool. Esto último, sobre todo en chicas pre-púberes y púberes, a quienes el tema de los estereotipos les marca más literalmente que a los adolescentes, quienes ya pueden distinguir, comparar y elegir los elementos que componen dichos estereotipos y cuales de estos tienen realmente algo que ver con su personalidad, sus creencias, principios, etc.

Volviendo al tema, a estas niñas no les daba mucha importancia y las ignoraba completamente, cosa que ellas terminaban haciendo igualmente. Mas las que intentaban parecer cool me miraban como esperando una reacción, lo sé porque ni disimulaban xD, eran un espectáculo. Luego de estos episodios, comencé a leer en el micro en los trayectos largos, esto es, de una hora o más. Y es en estos trayectos donde realmente noté que las reacciones de extrañeza no eran “ralladura de papa” de mi parte. La gente reacciona distinto al verte con un libro-libro, esto es, una edición y no una fotocopia, como si estuvieran ante alguna clase de brujería o cosa exótica. Pero el cómo reaccionan, depende de cada uno, a pesar de que es posible establecer ciertos parámetros, tal como explicaré.

Primero, tenemos a coétaneo, esto es, un(a) joven de tu edad o cercano. Es el/la joven promedio que cuando sube al micro, al verte leer, simplemente evita sentarse a tu lado. Cuando van de a dos o más, te ven, pasan de tí, y siguen en lo suyo; es claro que les llama la atención que leas pero no les causa mayor sorpresa ni sentimiento alguno. Dentro de esta categoría esta la escolar que se sentó a tu lado para no ir de pie y hace cosas con su smartphone o duerme sin sentir mayor incomodidad y/o interés en lo que vas leyendo; y la variante de la joven coetánea pero con compras/llena de paquetes, que se sentó a tu lado y sólo entonces notó que leías. En ese caso, se incomodan un poco y tratan de remendarlo haciendo alguna cosa en su smartphone con inusitado interés y concentración.

Segundo, tenemos al hombre mayor (que yo, probablemente entre los 40 y 50). Él, al igual que la joven coetánea de compras, no se dio cuenta que estabas leyendo cuando se sentó a tu lado, pero al verte entendió por qué el asiento estaba vacío. Ellos se sienten bastante incómodos con el hecho de que tú leas, te miran constantemente, a veces como queriendo averiguar si estás durmiendo o leyendo, o tratar de ver qué lees (anda a saber si logran averiguarlo) o no sé. Pero te miran mucho, y, al igual que la joven coetánea, sacan el smartphone para “hacer algo”, pero a diferencia de ella pronto se da cuenta que no puede hacer mucho, así que lo guarda. Entonces mira alrededor, te mira, luego el smartphone. Y así sucesivamente, no necesariamente en ese orden, trata de matar el tiempo mientras tú lees, como si quisiera parecer que él también “aprovecha su tiempo”.

Tercero, la señora mayor (que yo). Ella, al igual que todos los que se sientan a tu lado, no se dio cuenta que leías, sólo vio el asiento vacío y fue rauda hacia él. Esta mujer, al igual que el hombre, se incomoda al verte leer, es como si le tocaras alguna fibra, como si le recordaras algo que no quería. Lo habitual es que saque su smartphone y se olvide de tu existencia, en ese sentido, molesta muchísimo menos que el hombre. En otros casos, cuando no tienen celular, al verse sin nada que hacer se incomodan, se acomodan infinitamente en el asiento, se arreglan el pelo una y otra vez, miran la hora, miran alrededor, etc. En estos casos, molestan el doble que el hombre. Pero nunca te miran, por lo que se puede decir que son más discretas que los hombres.

Cuarto, el flaite. Te ve leer, te mira de reojo sin disimular su sorpresa al enterarse de que la gente aún lee y, si es que se sentó, se cambia de lugar.

Quinto, la persona que te ignora, que suelen pertenecer a cualquiera de las categorías anteriores, si llegase a sentarse a tu lado, trata de no molestar. No le importa que leas, no le pasa nada. Estos son la minoría, creo que sólo una vez se sentó a mi lado alguien así.

– Pero Nico, ¿de verdad lees en los micros o lo haces para espíar a la gente?

Ambas. xD En el micro me cuesta el doble concentrarme en la lectura, en especial cuando alguien se sienta a mi lado porque suelen moverse tanto que pareciera que tienen ladillas (o pidulles, diría mi abuela). Por lo tanto, cuando me desconcentro, antes de retomar la lectura espío por el rabillo del ojo a quienes me rodean.

Sin embargo y espionaje aparte xD, así como a la gente le parece raro que lea libros, a mí me extraña que a ellos les cause conmoción. Sé muy bien que los libros son caros, que estamos en un país con nula cultura de lectura y que el micro no es el mejor lugar para leer, pero de ahí a incomodarse creo que hay algo más que el mero hecho de sentirse por preferir gastar CLP$200.000 (US$297 aprox.) en un smartphone que en libros (no entraré en el tema de la calidad literaria, es harina de otro costal). Como mencioné anteriormente, hay gente que parece sentirse culpable o raro por no estar leyendo como el de al lado. En ese sentido, y en vista que no conozco en absoluto a toda la gente con la que he compartido el micro, la razón más universal que se me ocurre es que el chileno necesita sentirse igual o superior al de al lado. Es decir, en el ejemplo concreto de mi acto de leer, la gente necesita sentirse o haciendo algo (lo que sea), o haciendo algo “importante” (porque algunos consideran que leer es un acto importate) o haciendo algo “intelectual”; pues el hecho de estar leyendo les plantea una nueva pauta que (en Chile) culturalmente es visto como “superior” a ir chateando en el celular, pero a la vez inaccesible, ya sea por lo caro de los libros y/o la nula usanza de leer libros en espacios públicos en general.

No digo que leer sea superior a chatear o mirar por la ventana, de hecho, simplemente son formas de pasar un tiempo muerto como es el movilizarse de un punto a otro. La valoración “superior” o “raro” o “intelectual” o cualquiera sea con la que se etiquete el acto de leer en espacios públicos (como el micro) proviene de la gente que no acostumbra a verlo y/o hacerlo. La gente mide a los demás según sus costumbres, prejuicios, crianza, principios y demases elementos que componen la totalidad del ser humano, por lo que si una amplia mayoría cree que lo normal al viajar en un micro es chatear por el smartphone y/o mirar la nada, cualquier cosa que salga de ese parámetro les causará alguna clase de conmoción. Del mismo modo, si la gente cree que leer libros (insisto en esto, pues al parecer leer en otros formatos tiene una valoración más “normal”) es algo “intelectual” o “superior”, se sentirá y actuará acorde a lo que dicho concepto le provoque. ¿Y qué les provoca? Incomodidad -evidente- en la mayoría de los casos, pero una incomodidad que es sólo el síntoma de otras cosas que no sé ni sabré jamás, porque están ligadas a las vidas de cada una de esas personas que, claramente, no sienten la misma familiaridad que yo siento por los libros. Y es asunto de ellos, por mí está bien. Pero si fueran un poquito más empáticos y no se movieran tanto cuando se sientan a mi lado y descubren que estoy leyendo, se los agradecería un montón. Ya bastante tengo con lo que suena y se mueve el micro.

malditos micreros arruinaron las micros

El meme no tiene mucho que ver con el texto, pero refleja un sentir. Aunque hay que saber que no todos los micreros son unas bestias regetoneras salvajes y malhumoradas que te tratan como el pene, también existe una minoría de micreros que son unos verdaderos caballeros, lástima que sean tan pocos.

¿por qué por qué? (IV)

-¿Por qué hiciste los desafíos lectores, eres seguidora de los blogs de donde los sacaste?

grumpy cat no

NO. No sigo a ninguno de los blogs de donde saqué los desafíos lectores y espero no seguirles nunca. Si mal no recuerdo, todos los desafíos que vienen después del desafío de los libros de colores los busqué en google, pues a los anteriores llegué por casualidad. Honestamente, el estilo blogger hipster-hueco/a no me atrae en absoluto, y menos después de darles una ojeada a dichos blogs, a sus lecturas y a sus reseñas. Francamente dudo que alguna conversación inteligente pueda salir de allí.

Por otra parte y como expliqué en la entrada de los desafíos lectores, me pareció interesante probar dichas dinámicas para así volver a la lectura por placer y dejar aquella motivada por la evaluación cercana. Por supuesto, soy muy conciente de que muchos de los retos presentados (si no es que todos) no presentan un real desafío en cuanto a la formación de lectura crítica de una obra, sino que se limitan a cosas superficiales y/o relacionadas con algún criterio de elección igualmente trivial. Pero eso es harina para otro costal de entradas futuras.

¿Qué pashu con WordPress?

El blog ha sufrido una desgracia. No, no se ha muerto nadie (aún). El aspecto anterior se desconfiguró notoriamente y ya no se podían apreciar los bellos y fascinantes gifs animados que tanto caracterizan a este blog. A razón de ello, modifiqué totalmente el aspecto, puse un nuevo tema, pasé horas en photoshop para hacer una imagen de fondo y de cabecera totalmente nuevas, con temática tradicional japonesa (o algo así).

El punto es que WordPress está cambiando para mal. SI NO TUVIERA QUE PAGAR PARA ACCEDER AL EDITOR DE CSS, NADA DE ESTO HUBIESE OCURRIDO. No creo que haya sido un cambio para mejor, pues aunque se ve bonito, NO PUEDO MODIFICAR LOS COLORES DE LAS LETRAS PORQUE LOS MUY PUTOS ME COBRAN. En tales circunstancias, queridos lectores imaginarios, deberán bancarse los menús laterales en blanco, con difícil visibilidad debido al poco contraste con el fondo.

De todas formas, lo dejaré así a menos que se desconfigure de nuevo, pues no pretendo volver a blogspot ni mucho menos pagar. Soy tacaña y a mucha honra.

Jane Lane

¿Por qué no tengo una amiga como Jane Lane?


Terminaba de verme la segunda temporada de Daria, y me hacía esa pregunta después de cada capítulo. Jane Lane es mordaz pero buena amiga, pajera pero infaltable, poco estudiosa pero muy creativa. Quizás sea demasiado buena para esta mala fotocopia de Daria que escribe en un blog de vez en cuando, para ahogar sus sueños en letras cuando no ahoga su ocio en videojuegos, lecturas, guitarras o alcohol. O todo junto.

Después hice memoria y recordé que lo más parecido a una Jane Lane que tuve en mi vida fue una amiga de universidad que ya no es mi amiga (LOL). Pero ella no era mordaz, y era estudiosa a pesar de ser también pajera; así como buena amiga y creativa. ¿Que pasó? Cambiamos, y ella se volvió una mezcla de Sandy (la amiga envidiosa de Quinn) y Brittany, pero sin la voz chillona y con más risotadas, menos pajera y más del club de modas. Y separamos caminos. No se puede soportar hablar todo el día de ropa, sexo, hombres, reggetón y una que otra consigna pro-el-movimiento-social-de-turno, pues aunque no soy Daria (no, no soy Daria u.u) al menos sí tengo sentido común, consecuencia en mis ideas y, bueno, me gusta leer, pensar lo que leo, analizarlo y finalmente criticarlo. Y lo mismo con el mundo que me rodea, aunque sin ser tan ácida, pues prefiero callar y vivir para dejar vivir, aunque si se da la oportunidad… si de paso critico a alguien más, mala suerte. Sin embargo, sólo mi pololo y mis amigos me escuchan con atención, sin poner cara “ya está hablando esta weona”, como lo hacía mi ex-supuesta-Jane Lane.

Y claro, lo pensé. ¿Por qué no tengo una amiga como Jane Lane? ¿Acaso mi mejor amigo es mi Jane Lane con pene? ¿Seré yo la Jane Lane de los demás? Eso no sería algo malo, creo… Aunque implicaría que mi mejor amigo me robe a mi pololo y luego yo lo perdone, pero bueh, no estoy aquí para escribir una suerte de yaoi perturbador. Lo que sí estoy segura es que, ya sea yo la Jane Lane de mis amigos, o ellos mis Jane Lane con pene, no tengo de que quejarme. Es mejor tener una versión adapatada, que una versión pirata.

¿por qué por qué? (III)

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– ¿Por qué dejaste de publicar tus escritos en la web de Iñaki?

Nada personal con él. Solamente me cansé de que le cambiara el formato a mis weas, obviando algo tan simple pero que a la vez forma parte sustancial de lo que quiero decir como autora. Quitar una negrita o una cursiva es tan determinante como cambiar de lugar una coma, pero es claro que él no lo sabe, es antropológo, no literato. Y así pues, no lo culpo de profanar de esa manera mis weas, sino que lisa y llanamente dejé de compartir mis cosas en su sitio. Sólo le deseo la mejor de las suertes como escritor y que su web siga prosperando. :)

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¿por qué por qué? (II)

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– ¿Por qué pareciese que el estilo de tus nuevas entradas es más violento?

Violencia. Yo no hablaría de violencia, sino de fuerza. Son entradas renovadas, con nuevos bríos y, sí, cada vez menos emo. No es algo nuevo en mi, ni siquiera es algo que tuviese dormido, la única diferencia es que ahora lo comparto. Pero eso no les debería ser novedad, ¿no?. xD

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