Apología de los caídos

El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos canta
Pablo Milanés,
Silvio Rodríguez,
Mercedes Sosa.
Mas no es la edad la que tortura
si no que el error, la vida, el amor
el tiempo, el camino
la distancia
las idas, las venidas, las ideas, los cominos

Cualquier excusa
cualquier tuerca
cualquier sentido
pero son los caídos los que alguna
vez en nuestro tiempo
fueron para nosotros algo más que simples conocidos

Aquella niña que orgullosa
me aseguró que
nuestra valentía no llora.
A pesar que finalmente la alejé con mi estúpida pachorra.
O esa otra que un día me habló y después me ignoró.
La que soportó mis preguntas
estúpidas
como esa que instigaba si acaso la lástima movía
su corazón.

Pero los verdaderos caídos, esos que
recuerdo entre las nubes
un chico que dibujaba conmigo
una chica con la que paseamos del brazo
y la pequeña muchacha de gran coraje y corazón
son sólo algunos.
Páginas de recuerdo, fotos quemadas
sencillas palabras, fantasías.

Entre tantos caídos siempre
hay multitudes malhabladas y ofensivas cuya
compañía en nada siento
el chancho es del fango
y yo estoy mejor en un lago, siempre mirando
nubes
nubes como esas donde a veces veo
la silueta de los verdaderos caídos.

A los verdaderos caídos los estimé hasta el alma
algunos incluso los amé
por ellos me humillé y me dejé
usar como un trapo,
volví llorando y sentida,
jugué sucio, mentí, me arriesgué,
aposté mi orgullo, mi dinero presté
peleé y discutí,
defendí y a veces vencí.

¿Y si era tan bueno, porqué se cayó?
Mi nostalgia clama desde su botellón.
No era bueno, respondo
por eso cayó, por suerte lo descubrí a tiempo
porque siempre hay ocasión para
reformar la fortuna, el camino y tu gente.
Eso hice yo
eso hice
eso
yo

La recuerdo a ella, líder en su pequeña pecera con su idolatrador bufón
soñando con grandes cosas desde su cielo y
sin mover ni un dedo, esperar
atención, reconocimiento
ganar una guerra que nadie peleó
que sólo en su mente ella creía librar, que
a nadie le importaba ni importó
ni siquiera a su contendora.
Ella sola lentamente se envenenó.
¡Cuánta vaciedad en el corazón!
¡Cuánta simpleza de pensamiento!
Qué culpa podría tener ella, que nunca había mirado realmente el firmamento.

Pequeña bufona, de tí guardo mejores recuerdos,
contigo aprendí lo que son los abrazos sinceros
lo que una sonrisa le hace a la vida,
que
no importa cuán cruento sea
el pasado
con una sonrisa todo recupera su encanto.
¡Incluso te escribí un poema
cuando empecé a extrañar tus desvaríos!
Pero siempre tu gran
problema
fue no desear ser dueña de tu destino.
Siempre quise verte libre, volar
como el viento o
esos pájaros que te gustaban, ya no los recuerdo,
pero aquella que debía ser tu gato Zorbas
terminó siendo la cruz en tu cuello.
Como un pequeño perro, movías la cola cuando
de mano en mano iba tu correa, por eso
hoy en día digo que para ti quemar etapas tan solo es
cambiar de administración.

A ti, a ti
a ti te odié, te quise, te extrañé y te olvidé.
De una especie de El Dorado, de otros lados, con
aires frescos removiste el ambiente y te odié, te odié
te odié por eso.
Por ese aire terminé mirando tus grandes ojos risueños
oyendo tu risa fácil, contigo riendo
esos malditos ojos risueños, esas risas, por
las que casi
casi
dejo todo. Pero
al final del camino
me saqué el alma del pecho, te la dejé
y de no haberlo hecho, lo más seguro
es que no
no habría empezado (…)
no habría dejado (…)
ni terminado.

Hay algunos caídos que lamento haber dejado caer.
Aún tu risa me parece contagiosa, y de ti tus ideas aún son
shuper locas.
Gracias a ti tuve el valor de probar cosas nuevas
cambiar mi aspecto, encontrar a mi reflejo más allá del espejo
Pero que pena que de esto
ustedes nunca
supieron.

Es interesante notar que la gravedad no a todos atrajo
que alguno simplemente tenían pies de barro
que bastaba algo de viento para que con
los dientes
tocaran el suelo.
Y así pasaron algunos años hasta que un día
vientos nuevos cambiaron tu suerte, ahí fue cuando
realmente vi tus pies de barro manchando
todo lo bello que teníamos a
nuestro paso.
También sé de ciertos muchachos, de cuya
afición por mí me enteré hace
poco rato.
Aunque alguno evidente, el otro apenas emergente
eventualmente fuimos amigos, pero con
el tiempo
el viento
terminaron caídos.

Hay algunos cuyos lazos aún mantengo
pero cada vez están más lejos
y temo
que con los años
acábense diluyendo.
Más triste es ver en el suelo
aquellos con quienes sostenías un pequeño sueño,
un castillo en las nubes, un polluelo
que se esfuma, se muere
sólo porque se les alteró el ego.
Pero, a pesar de este panorama tan feo, siempre
sentiré orgullo por aquellos que
desde el suelo, la ceniza y el vino
se reconstruyeron y, con visos nuevos, se
levantaron
tocaron mi hombro
dieron las gracias por
el tiempo dado,
con el que se restituyeron.

Mañana será otro día
¿Habían sentido alguna vez el peso de esa frase?
Dejar lo viejo con lo viejo y
aceptar lo nuevo
renovar el alma y el firmamento
sentir el viento, encontrar nuevos vuelos
abrazar al que abre los ojos contigo
decirle adiós al que se quedó lejos.
Cuando es de noche no puedo evitar
mirar los ojos de las estrellas
ver en ellos a quienes
en este arduo
camino
han caído
han decidido caer.
Pero cuando despierto en la mañana, lo primero
es a los infalibles ver
sonreír de orgullo por quienes han resistido las
tormentas del tiempo
tormentas del viento
tormentas de los cominos
y se han quedado a pesar todo
a pesar de nada
y a pesar de mí.

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Cita

A un amigo

Qué paradójico es que se le parezca tanto y a la vez no le guarde semejanza alguna. Pero lo leo y es él, no puede ser otra persona, no se puede expresar(lo) mejor.

“(…) Está en el último escalón, en el último travezaño de la escalera de la alcantarilla; más abajo no hay nada, ni siquiera la mendicidad; Cristián no podría ser mendigo, no podría pedir nada; preferiría morirse de hambre antes de hacerlo. Tiene algo, una dureza, una altanería, casi una dignidad, que le impide aceptar nada que él no sienta que puede aceptar sin que ello lo rebaje ante el concepto que tiene de sí mismo, no en cuanto a ladrón, no en cuanto a ser social -no entiende de esas cosas-, sino en cuanto a hombre, porque Cristián tiene un concepto del hombre, un concepto de sí mismo, mejor dicho, que quizás no sea sino algo inconsciente, que tal vez no es ni siquiera concepto -ya que eso parece implicar inteligencia, discernimiento por lo menos- sino un puro reflejo de su animalidad, pero que es algo y algo que vale, por lo menos para mí. Odia la piedad, quizás porque no sabe lo que es o porque sospecha que no levanta sino que mantiene al hombre en su miseria. Muchas veces he sospechado que en muchos individuos de esta tierra, sobre todo en los de las capas más bajas, sobrevive en forma violenta el carácter del antepasado indígena, no del indígena libre, sino del que perdió su libertad; es decir, conservan la actitud de aquél: silenciosos, huraños, reacios al trabajo, reacios a la sumisión; no quieren entregarse, y entregarse ¿para qué? Para ser esclavos. ¿Vale la pena? Hay gente que los odia, sí, hay gente que los odia, pero los odia por eso, porque no se entregan, porque no les sirven. Debo decirte que yo los admiro, y los admiro porque no los necesito; no necesito que trabajen para mí, que me sirvan, que me obedezcan. Otra gente se queja de ellos, aunque no los odie. Olvidan que el hombre que domina a otro de alguna manera, porque es más inteligente, porque es más rico, porque tiene poder o porque es más fuerte, no debe esperar que jamás el hombre que se siente dominado alcance alguna vez cualquiera de sus niveles. Los alcanzará o intentará alcanzarlos sólo cuando no se sienta dominado o cuando vea y comprenda que el que domina aún a pesar suyo -porque es más inteligente, por ejemplo- quiere levantarlo para hacerlo un hombre perfecto y no un sirviente perfecto. Habría que acercarse a ellos como un padre o un hermano se acercan al hijo o al hermano que aman, pero ¿dónde están los amos, los gobernantes o los matones dispuestos a olvidarse de su dinero, de su poder o de su fuerza? Sin contar con que no son los más inteligentes… Cuando un carácter asi, rebelde, se da en un individuo de otra condición social, en un hombre al cual no se podría, de ningún modo, obligar a servir a nadie, la gente lo admira; cuando se da en pobres diablos, se les odia. No se puede tener ese carácter y ser un pobre diablo: el pobre diablo debe ser manso, sumiso, obediente, trabajador; en una palabra, debe ser un pobre diablo total. Pero no sé si éste será un fenómeno de la tierra; creo que no: esos hombres existen en todas partes. Cristián sabe que si él se hubiera mostrado sumiso en las comisarías, no le habrían pegado; pero no quiso serlo, no pudo serlo: prefirió los palos y los puñetazos a hacer el sirviente o el tonto. Eso vale algo.”
Hijo de Ladrón (fragmento)
Manuel Rojas

Presentando Gente [II]

Tenía una amiga, de esas que sonreían y que uno quería de verdad. Pero una mañana, envuelta entre el ajetreo de la cotidianidad, entre las luces, el maquillaje y la Ola de Ellos; se perdió.

A veces la miro y no la reconozco, una niña perdida que se perdió en este mundo de grandes, absorbida por un Ego insaciable al cual se dedica a idolatrar.
La pobre se quedó en el pasado, porque su presente lo vendió a la moda del día y a liviandad de cerebros. Se ha convertido en un loro, repitiendo día y noche su pasado primaveral, lleno de originalidad, ingenuidad y creatividad, la misma que admiraba cuando el mundo a veces simulaba ser una burbuja.
De ella no queda ni el envase.

No tengo nada más que agregar.

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